poesia universal y+

"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente. Y los que leen lo que escribe en el dolor leído siente bien, no los dos que él tuvo mas sólo el que ellos no tienen. Y así en los rieles gira, entreteniendo la razón, ese tren de cuerda que se llama el corazón". (Fernando Pessoa)

domingo, 29 de abril de 2007

Horóscopo de Mayo


Un día los pueblos construyeron altas pirámides para, desde sus cumbres, consultar a las estrellas. Y organizaron, según esos designios, fiestas, batallas y cosechas. Hoy corresponde a los poetas sugerir las fiestas, aconsejar en el amor, indicar el rumbo. Con este fin hemos recuperado de manos de los agoreros este espacio y lo hemos devuelto a sus legítimos sucesores (Noreste).

ARIES
Por Horacio
"Si quieres que yo llore, primero tendrás que llorar tú".
CAPRICORNIO
Por Bono
"Uno predica lo que necesita escuchar".
ACUARIO
Por Wassily Kandisnky
"Que el destino nos otorgue que no apartemos el oído interno de la boca del espíritu".
VIRGO
Por Ernesto Cardenal
"Tú has trabajado veinte años para reunir veinte millones de pesos, pero nosotros daríamos veinte millones de pesos para no trabajar como tú has trabajado".
CANCER
Por Fernando Martínez
"El hombre no soporta a un niño felíz, así que se propone ¡adultarlo!".
TAURO
Por Dante Alighieri
"A la alta fantasía le faltaron aquí las fuerzas; pero ya giraban mi deseo y mi voluntad como rueda que igualmente es movida por el amor que mueve el sol y las demás estrellas".
LEO
Por Ezra Pound
"Rebaja tu vanidad
lo que más amamos permanece
el resto es basura".
LIBRA
Por Enrique Lihn
"Nada se pierde con vivir, ensaya; aquí tienes un cuerpo a tu medida. Nada se pierde con vivir, tenemos todo el tiempo del tiempo por delante para ser vacío que somos en el fondo".
GÉMINIS
Por Omar Khayyam
Escucha lo que la Sabiduría te repite a lo largo de todo el día: "La vida es breve, tú no tienes nada en común con las plantas, que vuelven a crecer después de haber sido cortadas".
ECORPION
Por William Shakespeare
"Debemos someternos al peso de estos tristes tiempos, Decir lo que sentimos y no lo que debemos decir. Los mayores han soportado el mayor peso: nosotros, los jóvenes, nunca veremos tantas cosas ni viviremos tanto tiempo".
PISCIS
Por Marcel Duchamp
"Se es artista porque se quiere ser libre. No se desea ir a la oficina cada mañana".
SAGITARIO
Por Elicura Chihuailaf
"Si pasas por la vida y no cultivas el jardín de la amistad: pasas en vano".

sábado, 28 de abril de 2007

Poemas


Pequeña Nostalgia

La puerta de entrada permanecerá abierta
Como un absurdo simulacro
Gastándonos una broma de mal gusto

Inútil esperar que alguien pase
Cuando nadie pasará ya
Cuando nada pasará ya.

El árbol se habrá vuelto blanco nuevamente
Y guardará con dignidad su disgusto
Bajo el esplendor de sus raíces
Aferrándose hasta el fin
Al terruño que fue su patria

Y se preguntará cuando ya nadie pueda oírlo:
¿por qué me dejaron morir tan solo?

Un viejo incomprendido

Mañana estarán mejor las cosas
Hoy sólo fue un mal día
Excusen mi triste cobardía
Mi ausencia de pasión en el libro de reclamos.

No dudo que pertenezco a la raza de los muertos
Y ya sé que a los espectros nos está prohibido vagar en este mundo.

Puede que mañana regrese y mi nombre permanezca todavía oculto
Como manos vacías que asemejan viejos valles por donde ya nadie pasa.

Mi oscura tristeza yace derramada bajo tus pies inmaculados.

No se tomen la molestia de venir a buscarme
No vaya a ser que broten flores amarillas tras sus huellas compasivas.

En el Nombre de Dios!

Emana dulce el perfume pegajoso a sangre de los santos inocentes vertido en el asfalto ardiente por un sol ebrio de venganza y en el nombre de una fe que no conoce la palabra memoria, madre ni compasión.
En el nombre de Dios!
Hasta cuándo…!
Hasta Cuándo?

A la hora del té.

Imagino tus manos acariciando mi cabeza,
mientras dejo caer el periódico
de la tarde que nunca leeré.
A ti, entrando a la sala, con té y galletas.
Y nada más. A propósito dejas caer
tu melena castaña en una zona estratégica
entre el hombre y el cuello.
Me desnudas con la mirada y furtiva tu boca busca
mi boca. Siento el calor húmedo del primer beso.
Como una caravana urgente de niños alegremente te vas,
y prometes volver a visitarme, justo cuando la tetera hierve
y suena un pito horrible que me recuerda que son cerca de las cinco
y estás próxima a regresar.

Palabras de Africa


Esto es lo que ví:

El mundo no ha empezado hoy,

ni es hoy el día de su fin.

Había un viejo que tenía diez hijo.

Tomó diez espigas y las reunió en un manojo.

Entregó las espigas a uno de sus hijos y le dijo: "Pártelas."

El hijo no pudo partirlas.

Entonces separó las espigas, dio una espiga a cada hijo.

Cada uno pudo partir la espiga.

Entonces el anciano les dijo:

"Como veis, si estáis separados pueden

dividiros, pero si permanecéis unidos nadie podrá haceros daño".

Esto es lo que ví.

viernes, 27 de abril de 2007

Libro Recomendado: ALEXANDROS


Nadie puede permanecer indiferente ante la belleza de Alejandro, ni ante la grandiosidad de su imperio, que se extendió desde el Danubio hasta el Indo. Un hombre considerado de ardientes sueños y violentas pasiones, que le consumieron hasta finalmente destruirlo. Su vida transcurrió en un mundo de leyenda. Esta es su historia. "En esta excelente novela, Manfredi ha volcado todo su saber histórico y cuanta pasión era capaz de derrochar".
Sencillamente brillante, desde el primer momento el lector se introduce en un mundo donde no se llega a distinguir la ficción de la realidad. Alejandro Magno logra ser descripto en toda su magnitud, y en esta obra se puede confirmar que es el personaje más importante y atractivo de la historia antigua. Manfredini logra imponer en esta trilogía toda su habilidad como escritor, va a ser dificil que la iguale. No duden en leerla.

miércoles, 25 de abril de 2007

Nueva Sección: Noticias que me dieron risa

Concejo Municipal de La Serena pidió a Intendencia que clausure local mala leche Acusan a disco de discriminar a lolos por ser morenos o feúchos
Denuncias ante el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac) y la policía presentaron contra la cuicona disco de La Serena "Sundance" varios jóvenes que dicen haber sido objeto de discriminación ya sea por su aspecto moreno o porque a los guardias no les gustó su pinta.
Una de las afectadas por esta chocante mala onda fue la muchacha de 20 años María Magdalena Ponce, a quien le dijeron en la entrada que se devolviera por donde llegó debido a que era morena y de baja estatura, razón por lo cual iba a desentonar con el biotipo del establecimiento, donde hacen nata los argentinos y rucios de barrio alto.
La joven llegó recontra arreglada al boliche ubicado en Cuatro Esquinas con la Ruta 5 Norte con la intención de menear el esqueleto en buena y pasar un rato simpaticón al ritmo del "Gato Volador". Sin embargo, y pese a que iba con un fajo de billetes en su mano para cancelar su entrada, un par de gorilas que trabajan en el local juvenil no le permitió el ingreso porque era chica y de piel oscura, no precisamente a consecuencia de los rayos del padre sol.
"Cuando voy entrando, me doy cuenta que no me permitían el paso. Les dije que iba a pagar, pero tampoco. Simplemente me echaron. Les pedí una explicación del porqué me echaban, pero nada. Afuera había más gente como yo, de la misma clase y color de pelo. Me discriminaron por no ser rubia y alta, porque dejaron entrar a otras con más pinta de cuica", contó.
Súper picada, agregó que todas las argentinas entraron hasta con alfombra roja, menos ella y otras jóvenes, incluso algunas ches que eran bajitas y bien alimentadas. "Todas nos sentimos humilladas. Amí se me vino el mundo abajo".
El alcalde de Coquimbo, Pedro Velásquez, aseguró que hechos tan repudiables como éstos no hacen más que atentar contra el turismo de la zona, por cuanto no es primera que se reciben quejas de discriminación contra esta discoteque.
El Concejo Municipal de La Serena, por unanimidad de sus integrantes, le solicitó a la Intendencia Regional la clausura del recinto mala leche y ofreció toda su ayuda a los jóvenes afectados. Los propietarios del local están mudos y sin querer decir ni pío.
Diario "La Cuarta", Santiago de Chile

martes, 24 de abril de 2007

Qué entienden por amor?

El amor es lo desconocido. Pude ser realizado solo cuando hemos comprendido y trascendido lo que conocemos. Solo cuando la mente está libre de lo conocido, solo entonces puede haber amor. De modo que debemos abordar el amor negativamente, no positivamente.
¿Qué es el amor para la mayoría de nosotros? Cuando amamos, hay en ello afán posesivo, dominio o sumisión. De esta posesión surgen los celos y el miedo a la pérdida, por lo cual legalizamos este instinto posesivo. Del afán posesivo y sus celos, resultan los innumerables conflictos con los que cada unos de nosotros está tan familiarizado. El instinto posesivo no es, entonces, amor. El amor tampoco es una cuestión sentimental. Lo meramente sentimental, emocional, excluye el amor. La sensibilidad emocional es mera sensación.
...Unicamente el amor puede transformar la demencia, la confusión y el conflicto. Ningún sistema, ninguna teoría de izquierda o de derecha puede traer paz y felicidad al hombre. Donde hay amor no hay espíritu posesivo, no hay envidia; hay piedad y compasión -no en teoría sino de hecho- por nuestra esposa, por nuestros hijos, por nuestro sirviente (...). Solo el amor es capaz de generar compasión y belleza, orden y paz. El amor con su compasión existe cuando el "yo" deja de existir.

lunes, 23 de abril de 2007

Estar Solo.
Estar solo, lo cual no es una filosofía de la soledad, implica hallarse en un estado de revolución interna contra toda estructura social; no solo la de esta sociedad, sino la de la sociedad comunista, la fascista, toda forma de sociedad como brutalidad y poder organizados. Y eso significa una percepción extraordinaria de los efectos del poder. Señor ¿ha reparado usted en aquellos soldados ensayando? Ya no son más seres humanos, son máquinas, son nuestros hijos de pie allá bajo el Sol. Esto está ocurriendo aquí, en América, en Rusia, en todas partes, no solo en el nivel gubernamental, sino también en el monástico, el que pertenece a los monasterios, a las órdenes, a los grupos que emplean un poder asombroso. Solo la mente que no pertenece a nada puede estar creativamente sola. Y esa soledad no es algo que pueda cultivarse. ¿Ve usted esto? Cuando lo ve en su totalidad, está fuera de ello, y ningún gobernador o presidente lo invitará a cenar. A causa de esa soledad creativa, hay humildad. Esta soledad conoce el amor; el poder no lo conoce. El hombre ambicioso, sea el hombre religioso o el común, jamás sabrá qué es el amor. En consecuencia, si uno ve todo esto, posee la cualidad del vivir total y, por ende, la de la acción total. Esto llega por obra del conocimiento propio.
Krishnamurti

domingo, 22 de abril de 2007

Meditar con Krishnamurti

El Apego Es un Escape.
Trate simplemente de prestar atención a su condicionamiento. Usted solo puede conocerlo indirectamente. en relación con otra cosa. No puede percibir su condicionamiento como una abstracción. porque entonces ese es meramente verbal, sin mucha significación. Solo somos consientes del conflicto. El conflicto existe cuando hay integración entre el reto y la respuesta. Este conflicto es el resultado de nuestro condicionamiento. El condicionamiento es apego: apego al trabajo, a la tradición, a la propiedad, a las personas, a las ideas, etc. Si no hubiera apego, ¿habría condicionamiento? Por supuesto que no. Entonces. ¿Por qué estamos apegados? Estoy apegado a mi país, porque mediante mi identificación con él llego a ser "alguien". Me identifico con mi trabajo, y el trabajo se vuelve importante. Soy mi familia, mi propiedad, estoy apegado a ellas. El objeto de mi apego me ofrece los medios para escapar de mi propia vacuidad. El apego es un escape, y es un escape que fortalece el condicionamiento.

sábado, 21 de abril de 2007

Círculo de Luna

"Chuang Tzu soñó que era una mariposa.
Al despertar ignoraba si era Tzu
que había soñado que era una mariposa o
si era una mariposa y estaba soñado que era Tzu".
.
La Luna parecía un inmenso ojo que observaba desde el cielo todo el valle. Ana se había levantado tarde ese día, por lo que no tenía mucho sueño a la hora habitual. En el valle de Casablanca la gente acostumbra irse a acostar temprano. "Demasiado temprano", se quejaba Ana. Jugaba con un cigarrillo entre los dedos y no se animaba a encenderlo. Parecía que espera que algo pasara. Que alguien viniera a sacarla del tedio, del típico aburrimiento que caracterizaba el pueblo donde había nacido. Mirando el vacío de la noche, intentó imaginarse su vida en otro lugar. Comenzó a dibujar una escena: una gran ciudad donde el frío arrecia en invierno y los veranos son apenas cálidos, con calles eternamente iluminadas y transeúntes bulliciosos. Eligió para sí misma el rol de curadora de una galería de arte ubicada en los suburbios de moda. Se vio saliendo de un departamento en el lado opuesto de la ciudad, cruzando un parque y abordando el subterráneo. Deslizándose entre la multitud con destreza, ajena a los rostros, los ruidos. Inmersa en sus propios pensamientos. Cuando llegó a la galería la encontró cerrada. Susana, la muchacha que la ayudaba tenía que haberse marchado hacía poco rato. Eran cerca de las 6 de la tarde de un día viernes, los empleados no trabajaban horas extras, al menos, no en la galería "Moinvison". Inútilmente buscó las llaves dentro del bolso. No las encontró. Entonces, recordó que las había dejado tiradas sobre la cama de la habitación antes de salir. No era habitual en ella ese tipo de descuidos ni tampoco el lenguaje vulgar, pero terminó echando una puteada contra Susana que, en el fondo, iba dirigida a sí misma. Volvió a meter la mano en el bolso. Cogió un cigarrillo del paquete y lo encendió. Le dio dos piteadas antes de tirarlo y parar un taxi. Se sentía algo tonta, cómo iba explicarle a Carlos que los bosquejos estaban en la Galería y que ella no los tenía porque había olvidado las estúpidas llaves. Habían quedado de juntarse en el café "LA LUNA" y ya estaba atrasada, por lo que no tenía tiempo de regresar a buscarlas. Al cerrar la puerta del taxi echó una última mirada a la calle. Vio las luces de los faroles reflejándose en las ventanas de los edificios bajos. Miró a la gente que caminaba apurada de regreso a sus casas. Antes que el taxi virara en la esquina alcanzó a divisar la señalética de la calle que decía: "Stroget del 399 al 499". Tuvo la sensasión de encontrarse en un lugar equivocado. De no encajar en esa escena ordinaria. Incómoda, parpadeó. En ese instante volvió al valle de Casablanca. A su abulia, su sencillez y su aburrimiento. Miró hacia los lados y hacia abajo, donde se desplegaba el caserío. En el tiempo que había estado imaginando las pocas luces que quedaban encendidas se habían apagado. Quizo, por un momento, ser una de esas mujeres que alegremente cumplían con sus tareas en aquel rincón olvidado por el mundo: Clara, con sus cinco hijos y la chacra, trajinando entre los almácigos; Isabel, la encargada de la tienda de ramos generales; Mercedes, con su camioneta desvencijada pero indestructible, atravesando vados en busca de objetos curiosos para hacer sus artesanías. Pero no. Así como ellas descansaban ahora en el valle y ella las miraba desde ese lugar más cercano a las estrellas; Clara, Isabel y Mercedes estaban felices con sus monótonas existencias mientras que Ana añoraba una vida que no conocía pero que presentía con la intensidad con la que algunos presienten la llegada del verdadero amor. Alzó la cabeza hacia la luna detestando encontrarla nuevamente plácida, redonda y fría. Con el cigarrillo sin encender todavía jugando entre sus dedos se preguntó si la luna se vería igual desde otro lado. ¿Alguien estaría mirando la luna, en ese mismo momento, en otro lugar del planeta preguntándose qué hacer de sus días?. Tal vez esa mujer que había imaginado hasta pocos minutos atrás, esa misma Ana situada en otro espacio, lanzada a otro destino, pero con la misma sensación de ser una extranjera en su propio habitat tuviese la respuesta. Cerró apenas los ojos, tratando de reconstruir la escena: la calle equivocada, las señales desconocidas, el barrio silencioso y en penumbras. Su gesto de disgusto al ver alejarse el taxi y comprender que estaba perdida y sola.
Al llegar al café no divisó de inmediato a Carlos. Simulando haberlo encontrado se hizo paso entre la gente que, a esa hora, repletaba el lugar. Pensó que no había elegido el mejor sitio para una cita de negocios. "La Luna" era un café-bar que reunía emigrantes latinoamericanos, africanos y europeos del este, pero igualmente concurrido por daneses, belgas o franceses. Llevar unos bocetos a lápiz de un pintor desconocido del siglo XVII a un comprador cualquiera hubiese sido una pésima idea, pero llevarlos a un cliente como Carlos, un español tan rico como exéntrico no le pareció tan estúpido cuando la llamó el día anterior para concretar el negocio. Cuando vio a Carlos, sentado en una mesa, esperándola, se sintió más tranquila. Hasta podría afirmarse que por primera vez durante el día había sonreido. A Ana le preocupó que Carlos se decepcionase de ella. No sólo por el inexcusable olvido de los dibujos, sino por su aspecto físico, que nunca le había gustado del todo y que desencajaba con el prototipo nórdico o sajón predominante en su familia. Con anterioridad sólo había estado con el comprador una vez y el encuentro había sido tan breve que Ana sólo recordaba parcialmente su rostro, pero lo suficiente para reconocerlo en esta ocasión. Habían hablado por teléfono dos o tres veces y su voz jugaba a su favor, pues le daba un aire indudablemente más juvenil del que realmente tenía. Ana no era una mujer bella, más tampoco podría afirmarse que fuera fea. Una extraña mezcla de razas convergía en su oscuro rostro. La nariz torcida, los ojos grandes y opacos, los labios delgados, hacían imposible no fijarse en la cara, sobretodo por el enorme lunar que poseía junto al labio inferior, el cual portaba como un defecto indefinible -casi obsceno- del que no se podía tener certeza, a primera vista, si se trataba de una mancha velluda o de un pelotón de carne. Y si bien se sentía algo ridícula por el ejercicio de seducción telefónica, también era lo suficientemente inteligente –y cáustica– como para pensar, de inmediato, que su aspecto y perfil no desentonaban con los de los visitantes asiduos de ese bar casi marginal. Ana había hecho de sus peculiaridades y de su estilo una firma. El mundo de los compradores de obras de arte la reconocía como un lince a la hora de seleccionar tanto piezas únicas e inadvertidas como la producción de artistas jóvenes que a poco serían reconocidos y exitosos. Se acercó a la mesa y se sentó. La camarera, inusualmente solícita pero de seguro presintiendo la propina que podrían dejarle, le ofreció una lista que Ana rechazó con un seco: "Gin doble con hielo". Fue presa de un súbito cansancio. Algo parecido al hastío la atrapó como una garra invisible. Tomando de a pequeños sorbos la bebida transparente sentía cómo entraba helada a su boca y atravesaba su garganta dejando una estela ardiente. En ese local lleno de humo, ruidoso y confuso como una Babel moderna, poblado de gente rara y de gente que iba allí con el sólo objetivo de ver gente rara, se le cruzó, por primera vez en su vida, el fantasma de una añoranza sin nombre, desconocida y difusa. Un gesto de Carlos, con su apostura innegablemente latina, su traje de buen corte y sus zapatos italianos que desentonaban de manera llamativa con "La Luna", la sacó de ese momento extraño. Ana sonrió pensando que ése era el momento exacto para comenzar a pedir disculpas por su aspecto, por ese bar, por el arrabal donde se encontraban y, sobre todo, por no tener las ilustraciones. Pero su cliente se embarcó en un colorido monólogo acerca de los problemas de la finca andaluza, las vacaciones en Marbella y su última comida informal con el Rey Juan Carlos.
-Eh!?, ¿Ana? concuerdas conmigo, escuchó que le decía Carlos.
-Como no estaba dispuesta a dar nuevas explicaciones, lo miró a los ojos y le dijo: absolutamente! y tomó la iniciativa en la conversación, la que hasta ahora había constituido un simple monólogo, falsamente disfrazado de tertulia, gracias a las risas que Ana incorporaba, estratégicamente, durante los silencios de su interlocutor. Carlos no era un tipo mal parecido, era alto y aseado, sin embargo, no logró despertar ningún sentimiento especial en Ana, quien había aprendido a no imbolucrarse con sus cliente y mucho menos a mantener una relación romántica.
-¿Y los bocetos?, ¿los podemos pasar a ver mañana temprano en a la galería?, le dijo Carlos, mientras asia una copa de vino.
-"Claro", respondió Ana. "A las 10" -pensando en el dinero que obtendría por los falsos bocetos que por tercera vez vendería a un millonario estúpido que se creía experto en arte-.
Llegó tarde a su departamento, después de haber atravesado media ciudad. Se había levantado temprano y estaba muy cansada. Se sacó los zapatos, tomó el último cigarrillo del paquete y salió a la terraza. La noche estaba inusualmente cálida. La luna estaba llena y parecía un inmenso ojo que observaba desde el cielo toda la ciudad. Sintió de nuevo esa añoranza sin nombre, desconocida y difusa que había sentido horas antes en el café. Ahora, sin el ruido del bar y sin la presencia perturbadora de su cliente, pudo concentrarse e identificar el sentimiento. Era un deseo incontenible de estar en otra parte. De marcharse lejos y no regresar. Ana comenzó a dibujar una escena: un valle tranquilo y verde. Quiso, por un momento, ser una muchacha de campo que alegremente cumplía sus tareas en un rincón olvidado por el mundo. Pensó que esa otra mujer que soñó que era, miraba la luna desde la terraza de su casa sencilla, y era hermosa como las flores silvestres y ya no tenía ese horrible lunar que tanto odiaba. Siguió mirando la profundidad de la noche, jugando con un cigarrillo entre los dedos que no se animaba a encender.
Fin?

Escrito por Laura Cambra y Christian Lucero

viernes, 20 de abril de 2007

Argumento, Razon o Motivo
Para ser libre y
para echar raíces.
Para el viento
y para el tiempo.
Para alguien especial,
para todos,
para nadie, para mí.
Para ser mirada, para verme.
Para no enfermar, para curarme.
Para no perder la fe.
Para recordar y para olvidar.
Para volar
como una hoja en la tormenta.
Para ser agua, aire,
tierra y fuego.
Para avivar la pasión,
para aplacarla.
Para la comprensión,
para el asombro.
Para liberar al ave
que revolotea en mis entrañas.
Para sosegar a la fiera
que devora mi corazón.
Para vivir, para crecer.
Para tener cabeza
y para perderla.
Para tocar las nubes
y para hundirme en el barro.
Para encontrar el punto exacto
donde se confluyen
infierno y paraíso.
Para existir.
Para ser.
Escribo.

Laura Cambra

Duerme
muda la piel
crisálida amorosa
deja emerger las alas
de tu espalda narcisa.
Mañana no será "otro" día
Tu pecho se abrirá como una fruta
y tu vientre amanecerá
más tibio.
Duerme
esta noche velaré tu sueño
He decidido habitar tu alma y
no tengo pensado
renunciar a mis dominios.
Duerme
entre hojas de canelo
con la boca abierta o cerrada
con la inocencia de los primeros años
iluminada e iluminando
domesticada y domesticándome.
CLM

DETENER LA PALABRA...
Detener la palabra
un segundo antes del labio,
un segundo antes de la voracidad
compartida,
un segundo antes del corazón del otro,
para que haya por lo menos un pájaro
que puede prescindir de todo nido.

El destino es de aire.
Las brújulas señalan uno solo de sus hilos,
pero la ausencia necesita otros
para que las cosas seansu destino de aire.

La palabra es el único pájaro
que puede ser igual a su ausencia.

Roberto Juarroz, poeta argentino

Sección Epitafios

Se comunica el sensible fallecimiento de la
FILOSOFIA OCCIDENTAL
El cadáver con más larga vida de la historia por fin exhaló su último suspiro. A la vieja le costó entregarse; pataleó y apestó hasta el último segundo. Nació en Grecia bajo la luz de Hiperión y murió en los claustros polvorientos de las universidades francesas. Murió enredada y asfixiada en sus propios lenguajes y metalenguajes. No alcanzó a abrir la ventana para que entrara aire fresco, el ruido de la calle. Parió a la ciencia y a la tecnología, que terminaron por abandonarla para siempre. La dejaron morir sola. Hija de Heráclito el oscuro, siempre sufrió porque sus hijos predilectos, Wittgenstein, Nietzsche y Cioran la despreciaran e insultaran en público. Tuvo que desmentir varias veces su muerte, se defendió como gato de espaldas.
Ahora descansa en paz.
Del Libro: "Las Noticias que siempre serán Noticias"

MUJERES DEL FUTURO LLORAN MUERTE DEL MACHO

Nueva York, Caracas, Oslo, 2050
Aúllan como lobas en celo. Claman al cielo despoblado como Jobs posmodernas, se detestan mutuamente, vagan por las calles como una legión de anoréxicas y bulímicas en busca de lo que ellas mismas se encargaron de exiliar o exterminar: los machos.
Encontrar uno disponible cuesta en el Soho no menos de 5.000 dólares la noche. Viajan desde todos los puntos de América, millonarias desesperadas aunque sólo sea a oler ese perfume inolvidable del hombre, género en extinción.
El piropo latinoamericano desapareció de la faz de la tierra, perseguido implacablemente como delito. Toda cercanía -mirada o palabra cálida- del hombre fue clasificada dentro de las mil formas penalizables del acoso.
Se castró al hombre no sólo metafóricamente, sino en muchos casos literalmente. Los hijos fueron separados de sus padres y fueron los primeros en clamar con dolor, como Telémacos detrás de sus padres Ulises ausentes. Ahora, ellas, hasta las más radicales, las neo-post-feministas, las que penelopean desaforadas por la faz de la tierra buscando un macho, están dispuestas a recibir con los brazos abiertos al macho -mexicano, inclusive- aunque sea bajo la forma de una poligamia, dentro de la estructura de un harén, como sea y donde sea. Algunas más extremas inclusive gritan en las calles por la instauración de la falocracia.
Se preguntan las mujeres: "¿Cuándo perdimos el rumbo?", "¿en qué momento de la historia colocamos en situación de extinción a la especie?", "¿qué haremos ahora con estos millones de zombies, hombres que reniegan de su sexo original, de narcisistas primarios que instintivamente nos rechazan, nos evitan como peligro?", "¿de qué nos sirve esta república de amazonas fundada en el corazón de nuestra soledad?", "¿qué conseguimos ganando tanta libertad, si desapareció la posibilidad del amor y la plenitud?".
Ahora tienen nostalgia de sus bisabuelas, ahora cantan al macho desaparecido, ahora gritan desgarradas, prisioneras de su propia histeria claustrofóbica.
"Un hombre, un hombre, sólo un hombre...", se les oye decir, deambulando en la noche por los clubes lésbicos, tocándose los pechos, llorando ante el espectáculo idílico del acoplamiento brutal de los caballos o los perros, soñando con un mundo donde puedan ser abrazadas, protegidas, poseídas otra vez, hijas bastardas del polen, mujeres de occidente expulsadas por sí mismas del paraíso.
Del Libro "Las Noticias que siempre serán Noticia"

jueves, 19 de abril de 2007

DESCUBREN GEN DE LA INMORTALIDAD

El día que anunciaron por radio y televisión que la ciencia había logrado derrotar a la muerte, yo estaba todavía retozando entre las sábanas con Laura, en su departamento de la piazza Dante en Roma. Cuando desperté, guardaba intacta en mi memoria su sonrisa mientras habíamos hecho el amor toda esa noche, una sonrisa que había roto todos mis esquemas y temores, y que me había hecho abandonar mi ordenada vida de soltero, exitoso y empedernido vendedor de obras de arte, a cambio de ese enigma y ese olor a manzanas frescas de las colinas del Lazio que era Laura. Me había cansado de las chicas cool de las nuevas noches romanas, ésas que plagaban las discotecas del viale Piaroli, ésas que nunca te miraban a los ojos y que quizás, al borde de la madrugada y la excitación artificial, tal vez te regalaran como a un medigo un beso histérico con sabor a lápiz labial de última generación.
No sé cómo llegué a Laura, ni cómo Laura llegó a mí, fue como una irrupción violenta de la primavera romana en mi frío mundo design, una invasión de colores lúcuma y pastel (típicamente romanos) en mis muros blancos zen, mis camisas negras, mis ritos y neurosis newyorker.
Estaba sintiendo cómo el ronroneo del gato de Laura se acercaba a mi cara acompañado de los potentes rayos del sol de mediodía, estaba pensando en el milagro de haber superado mi fobia a los gatos, cuando una voz hiperkinética de locutor de radio que nos habíamos olvidado de apagar me sacó de la cama. Odiaba ese chorro de verborrea romanacha. Entonces, justo al lado del ventanal que da al balcón cargado de geranios y flores de la pluma, escuché la "buena noticia" que me arrancó violentamente el olor y la temperatura hasta entonces adheridos a mi cuerpo:
"Siguen las reacciones en el mundo a la noticia que ha sacudido los cimientos no sólo de nuestra civilización sino las condiciones mismas de la vida del hombre sobre la tierra. El anuncio hecho a las 005GMT, 8.00 a.m. hora italiana, desde un laboratorio de Austin, Texas, de que la biología norteamericana había logrado aislar el gen que causa la muerte de nuestros tejidos, continúa sucitando reacciones en cadena. Para el profesor del Instituto de Ciencias Humanas de la Universidad de Palermo, Luigi Vitale, estaríamos en presencia de un horro ético de magnitudes inpensadas. El Vaticano habla de "espanto metafísico", pero desde el mundo científico y filosófico surgen voces que celebran con entusiasmo la nueva era que comienza".
Apagué violentamente la radio. Un frío me paralizó, congelándome por dentro. Tuve la certeza pavorosa de que la voz de ese locutor retórico podía durar eternamente, de que esa mañana tibia, ese cielo milagrosamente azul de Roma, no eran únicos, irrepetibles; de que volvería a verlos, cuantas veces quisiera en cien, mil o dos mil años más, hasta que perdieran de pronto un día su carácter de milagro, de efímera belleza. Sentí un vacío punzante a la altura del pecho, algo parecido al tedio y a la angustia juntos. Miré mis manos y las odié, me vi en el inmenso espejo que Laura había colocado a la entrada de su departamento y tuve la sensación de estar ante una réplica perenne de mí mismo, y supe que no iba a poder soportar a ese inmortal durante cien, mil, tres mil años más, con su ridícula vanidad, con sus uñas impecablemente cortadas.
Todo sucedió muy rápido, desde ese instante: el riesgo, el peligro, la adrenalina, comenzaban a abandonar la vida para siempre. La emoción , la nostalgia, el asombro, eran reemplazados de golpe por el hastío, el desamor, la indiferencia.
Supe que ya nada importaba, nada era urgente, nadie se jugaría por nadie ni nada. No existiría nunca más el nunca más. Me acordé de las chicas cool de la noche romana e imaginé su infinita alegría ante la noticia, su celebración eufórica a la salida de los baños de las discotecas con restos de polvo blanco en las narices.
Entonces me acordé de Laura, que todavía dormía inocente en la pieza de al lado, ignorando la derrota de la muerte. "Si pudiera detenerse el tiempo, si todo no fuera más que una pesadilla", pensé, "si todavía siguiéramos siendo mortales, si todo se jugara en cada instante, en cada gesto otra vez, si la muerte diera otra vez ese sabor a irreparable que tiene la vida. Si pudiera acostarme junto a Laura, si pudiera abrazarla para sentir sus veinticinco años temblando junto a mi cuerpo". Me acordé de cuando, en el momento de máxima pasión y amor, esa noche, sonriéndome, Laura me había dicho:
-Me gustaría que envejeciéramos juntos.
Por primera vez en muchos años yo había sentido el delicioso placer del tiempo, el legítimo derecho a envejecer juntos, y sentí que eso rimaba con el otoño, con la pátina del tiempo que cubre los edificios romanos. Creo que escuchábamos una canción sentimentalona de Lucio Dalla en la radio: "e chiudi gli occhi e lei lo sa, lupo di periferia. Anna che vorrebbe anda via".
No. No iba a despertar a Laura para darle la noticia. No iba a cambiar su sonrisa de muchacha del sur por la mueca de estatua de la eternidad. No iba a permitir que nos arrebataran el tiempo, la mañana efímera, el café paladeado lentamente, segundo a segundo, en el balcón soleado: la sensación mística de un momento que no va a repetirse más. No. No iba un biólogo tejano a quitarnos el resplandor de la vida, el cada minuto como acontecimiento, el suave demorarse del sol y las semillas del Mediterráneo, a cambio de la gélida eternidad genética de los laboratorios de experimentación norteamericanos.
Yo no dejaría que manipularan mis genes, que violaran la sagrada semilla de la muerte que nos salva de una vida de dioses sin error ni amor ni fisuras.
Entré silenciosamente en la pieza, la miré, vi su sonrisa plácida de muchacha durmiendo, y me juré a mí mismo que envejeceríamos juntos viendo cómo el resto de nuestros vecinos, familiares y amigos seguían intactos, incólumes.
Nos devorarían los gusanos, nos desharíamos como se deshacen las hojas, como se pudren las frutas, pero ese horizonte salvaría cada uno de nuestros momentos haciéndolos únicos. Y los inmortales nos verían caminar abrazados, palpitando con cada instante, coleccionando minutos, devorando horas. Seríamos hambrientos, golosos de vida frente a una legión de anoréxicos espirituales. Así como Laura me había salvado del hastío, yo la salvaría ahora de esa aberrante inmortalidad inventada artificialmente en un laboratorio de Texas. Entré en silencio, volví a meterme a la cama, la abracé y cerré los ojos.
Fin
C.W.

miércoles, 18 de abril de 2007


BREVE CURSO PARA APRENDER A MORIR (I)
Por Cristian Warnken
Rehuir la experiencia de la muerte es como rehuir la experiencia del amor. Ambas vivencia radicales le restituyen a la vida su esplendor y densidad, muchas veces anestesiados por la rutina y el tedio. Es curioso cómo nuestra época rehúye a ambos -amor y muerte- con pavor: ambos nos colocan ante el fracaso y la fragilidad. Pero al privarnos de estas experiencias "negativas" nos privamos también del éxtasis y la lucidez, nos negamos ese salto a la otra orilla que tan bien han descrito místicos y poetas.
En Occidente hubo un período muy intenso de investigación sobre la muerte: entre el 500 d.C. y el siglo XV. Nunca habíamos contado con tantos relatos sobre experiencias cercanas a la muerte de boca de niños, nobles, mendigos, sabios, ignorantes, reyes y papas. Hoy abundan el silencio y la ocultación sobre la muerte. Hemos perdido la rica tradición que hizo de la Edad Media uno de los períodos más fascinantes de la historia de Occidente.
Desde entonces, Oriente nos lleva la delantera. Nuestras carencias en tecnología espiritual sobre la muerte deben ser, a los ojos de los tibetanos, por ejemplo, tan abismantes como para nosotros resulta la pobreza económica en Bangladesh.
Este breve curso pretende abrir un espacio de reflexión práctica tan necesario como un curso de primero auxilios o de cocina japonesa. Y por lo demás ¿de qué van a servir nuestros conocimientos sobre sashimi, marketing o computación cuando llegue ese momento en que nos falle el olfato, luego el sabor, y un frío intenso empiece a apoderarse de nosotros, desde las extremidades de nuestro cuerpo hacia arriba?
No sabemos nada de la muerte, nada. ¿Sabía usted, por ejemplo, que lo último que perdemos antes de morir es la audición, y que un agónico en estado de coma oye lo que está ocurriendo alrededor de su lecho de muerte? ¿No es coincidente eso con las prácticas tibetanas de hablarles al oído a los moribundos, indicándoles los pasos del viaje que se inicia? ¿Qué indica esa persistencia del oír hasta el último instante? ¿Por qué oyen los agónicos? Este solo aspecto daría para investigaciones neurofisiológicas o filosóficas. Pero nuestro tiempo no quiere oír el sonido de la muerte. Hacemos oídos sordos a su hablar de millones de años. Sólo las civilizaciones que han aprendido a escuchar a la muerte han podido también hablar de ella, decir algo más sustantivo que nuestro cobarde escamoteo, nuestro aterrado silencio.
Algunas proposiciones de carácter general:
1. Introducir un cursillo sobre la muerte en todos los colegios: que los cursos visiten cementerios, escriban sus propios epitafios, investiguen el riquísimo saber popular sobre la "Pelá" en el habla y la poesía del campo (por ejemplo, payas y décimas).
2. Reunir a médicos, neurobiólogos, religiosos y poetas en un encuentro interdisciplinario de reflexión sobre la muerte. Algo análogo a lo que hiciera Francisco Varela con el Dalai Lama. Financiarlo con platas concursables del Fondart, tantas veces desperdiciadas en proyectos banales y sin trascendencia.
Sería estupendo un proyecto que cruzara a científicos con poetas, por ejemplo.
3. Replicar la Fiesta de los Muertos que se celebra en México como una forma de ritualizar colectivamente la muerte, en vez de celebrar esas insípidas fiestas de la cultura hoy tan en boga. Que la muerte, en forma de máscaras, bailes o calaveras de azúcar, inunde las calles de nuestras ciudades. Que la muerte recorra los malls, los ministerios, los sets de televisión, haciéndonos oír su música sagrada. No se trata de repetir el gesto idiota del general español que en la Guerra Civil gritara "viva la muerte" en el patio de una universidad. No. Se trata de que la muerte viva en nuestras conversaciones, en nuestros símbolos y fiestas, porque una cultura que no expresa su mirada frente a la muerte termina condenándonos a esperarla -el día que ella llegue- como ciegos o sordos, en el oscuro callejón de nuestra propia soledad.
Del libro: "Las Noticias que siempre serán Noticia". (2001)

Libro recomendado: "Historias Marginales" (Luis Sepúlveda)

Recopilación de artículos publicados en diferentes épocas, que ha reunido bajo el significativo título de Historias marginales. Son un sinfín de historias cercanas o no tan cercanas, de autenticidades desasosegantes o no tan desasosegante, y de descripciones fabulescas o no tan fabulescas, pero todas ellas con un denominador común: la convicción de que detrás del aspecto de un hombre sencillo, siempre se encuentra una gran semblanza que contar. Historias marginales resalta su compromiso con los más vulnerables, y por extensión con la naturaleza. Luis Sepúlveda nos habla de Francisco Coloane, como el autor chileno, de Aurora Sützkever, poeta judío de incierto nombre y destino, de Simon Von Utrecht, pirata que asoló el Elba hacia el año de mil cuatrocientos, de Vidal Sánchez, sindicalista en Ecuador empeñado en poner en marcha una cooperativa, de los caratori, trabajadores de las canteras italianos cuyas vidas lejos de la belleza que se les supone, están irremediablemente unidas a la tragedia, y en definitiva de todo un cúmulo de perdedores que posiblemente nunca hubieran supuesto que un buen día sus vidas se iban a convertir en recurso literario. Mitad relatos mágicos, mitad realidades ocultas, lo cierto es que las historias que nos propone Luis Sepúlveda nunca pasan desapercibidas ante nuestros ojos de lector. Quizás porque nuestra propia existencia se encuentra rodeada de valerosos protagonistas como los que en ellas se nos narran, y al igual que ellos, tampoco nosotros nunca podremos sospechar que alguien en algún lugar del planeta, se encuentra en estos precisos instantes redactando nuestra propia miseria.

martes, 17 de abril de 2007


lunes, 16 de abril de 2007

PALABRAS A MI MISMO (Hugh Prather)

Si solamente hubiera...
desdeñado futuras grandezas
y mirado las plantas y los edificios
y tomado contacto con aquellos que me rodeaban.

Si hubiera olido el aire
e ignorado los formulismos y obligaciones rígidas
y escuchado el rumor de la lluvia sobre el tejado
estrechando a mi mujer entre mis brazos.
...Tal vez no es demasiado tarde.

Ella podría morir esta noche.
Pero hemos estado juntos cuatro años.
¡Cuatro años!.

Si no la tuviera un nuevo día
no podría sentir que es injusto.
Ni siquiera la merezco un minuto.
Dios lo sabe.

Yo mismo podría morir esta noche.

Lo que debo hacer es morir ahora.
Aceptar la justicia de la muerte.
Y la injusticia de la vida.

Mi vida ha sido buena.
Más larga y mejor que la de muchos.
Tony, mi gran amigo murió a los veinte.
Yo he tenido treinta y dos años.
No podría pedir un día más.

¿Hice algo para merecer el nacimiento?
Fue un presente. Yo soy. Este es un milagro.
No he tenido derecho a un solo minuto.
A algunos les es concedida sólo una hora.
Yo he tenido treinta y dos años.

Pocos pueden escoger el momento de su muerte.
Yo elijo aceptar la muerte ahora.
Desde hoy renuncio a mi derecho a vivir.
Renuncio también a mi derecho
sobre la vida de mi mujer.

Está amaneciendo.
Me ha sido dado un nuevo día.
Otro día para oír,
y leer, y oler, y caminar.
Un nuevo día para el amor, para la gloria.
Estoy viendo un nuevo día.

Pienso en aquellos que no lo están.

Hoy día deseo hacer las cosas
poniendo mi ser en ello.
No quiero permanecer ajeno a mi quehacer
tratando de convencerme de algo que no soy.
Rehúso hacer cosas por mis semejantes
sólo para que éstos opinen bien de mí.

No me interesa trabajar por el dinero.
Quisiera trabajar por amor a mi trabajo.

No deseo vivir para cumplir un objetivo.
Sólo quiero vivir...

Mi oración es: yo seré lo que he de ser
y haré lo que he de hacer.
Todo lo que deseo y necesito hacer
es ser fiel a mi propio ritmo.
Sólo ambiciono hacer lo que hago
sin tratar de hacer lo que no hago.
Tan solo hacer lo que hago.
Ser lo que he de ser.
En paz conmigo mismo.

Seré lo que he de ser. Pero ahora soy lo que soy.
Hoy trabajaré escuchando el ritmo de mi ser.
Desoyendo las voces del "deberías".
Trabajaré en armonía con mi ritmo.
Permaneceré fiel a mi mismo.

Dios reveló su nombre a Moisés
diciendo: "YO SOY EL QUE SOY".

Creo que la ansiedad que circula en mi vida
nace de un desequilibrio entre lo que soy y lo que «debería ser».
Mi ansiedad no se origina en una visión del futuro,
sino en el deseo de sujetarlo a mi voluntad.

Comienza cuando en mi mente surge solapado
el deseo de llegar a ser alguien.
Entre mi voluntad de controlar el futuro
y el reconocimiento de mi impotencia
se genera esa tensión.

Cuando decido "seré lo que he de ser"
y pienso que tal vez no alcance las expectativas
que tengo de mí mismo, brota la ansiedad.

Mi temor a la muerte es mayor
cuando estoy a punto de lograr
lo que los demás esperan de mí;
entonces la muerte amenaza con
el tránsito a ese ser que aún no soy.

No siempre se puede alcanzar la meta-
el logro y la meta se excluyen mutuamente.
La expresión "efecto duradero" es contradictoria.

Yo no tengo significado en el futuro.
Nada será mañana lo que fue hoy.
Nada puede tener significado para siempre.
El significado cambia según las circunstancias.
Mi significación se afinca en el presente.
Es suficiente que hoy pueda ser de valor para alguien.
Es bastante que importe algo ahora.

"Qué deso hacer de la vida?"
"¿Cuál es el propósito?"
Supongo que tengo una razón
para vivir y que mi vida
tiene una dirección.

Pero quizás no tenga ninguna, como la historia.
La suposición de dirigirme hacia algo me inclina
a justificar mis acciones y a planear el futuro.
A veces no quisiera manejar mi automóvil
hacer colar o cumplir encargos, ya que secretamente
siento que estas tareas triviales no están a mi altura
y demoran la ejecución de la "valiosa obra"
que habré de realizar antes de mi muerte.

El modelo por el cual debo vivir
es no tener ningún modelo.
Mi único hábito debiera ser no
tener hábitos. Porque lo hice de
este modo una vez es razón
suficiente para no hacerlo así hoy.

El tiempo es cambio.
Cuando hago algo no acostumbrado
mis horas se llenan de segundo.
Lo familiar contiene menos tiempo
porque implica menos cambio.

Puedo alargar mi vida
manteniéndome aparte de doctrinas
y de rutas ya trilladas.

La confesión de un defecto puede ocultar
la voluntad de no cambiar.
Ya que lo confieso no tengo que aceptar
la obligación de cambiar.

"No puedo evitarlo, lo confieso" digo
desplazando mi responsabilidad hacia el otro
"¿Ya lo has oído, qué piensas hacer ahora?".

¿Por qué valoro mis días de acuerdo
a cuánto he "logrado"?

Cuando la ambición no sea mi dueña
podré gozar recogiendo bolitas de hilo
tendido sobre la alfombra.

Sustengo un gato dormido entre
mis brazos. ¿Qué más puedo desear?

Después de haber escrito este libro
se lo conté a varios amigos.
Su respuesta fue a lo más cortés y tibia.
Más tarde pude decirles:
el libro será publicado.
Casi todos dijeron:
"estamos orgullosos de tí."
Orgullosos del resultado, pero no de la acción.

Todos menos yo, enjuician mi conducta
hicia atrás. Sólo ven mis acciones
encadenadas a sus resultados.
Sin embargo yo actúo en el ahora.
Después conozco los resultados.
El único significado que otorgo a mis
actos es que "son el reflejo de una
parte de mí."

Si viviera para obtener resultados
estaría condenado a una continua frustración.
La sombra de la muerte arrojaría sobre mi vida
una perpetua amenaza de futilidad, así
vivir no hubiera servido de nada.

El premio reside en mis actos, no en sus efectos.
La recompensa está encerrada
en lo hondo de mi respuesta
en esa parte central de mi ser
de la que arranca toda acción.

Gracias a que los resultados son impredecibles
ningún esfuerzo de mi parte está condenado
al fracaso. Incluso un fracaso no tomará
la forma que imagino de antemano.
Ante el futuro sólo puedo decir:
"será interesante ver qué ocurre."
La excitación, el rechazo y el aburrimiento
presuponen un conocimiento de resultados
que no puedo tener.

Si trabajo pensando en una meta
mi vida se convierte en un proceso.

El arco iris es más bello que el resplandor
que deja cuando se desvanece.
El arco iris existe en el presente.
Nunca al morir su color es
tan hermoso como esperaba.

Una parte de mí quiere escribir,
otra quiere teorizar
o escul`pir,
o enseñar...
Si me forzara a un rol
decidiendo hacer sólo una cosa en mi vida
mataría extensas partes de mi ser.
Reconozco que vivo en el presente,
y hago lo que deseo hacer en cada momento
y no aquello que decidí en el pasado.

A veces afirmo "yo siempre hago esto"
o "nunca hago aquello"
como si mi individualidad radicara
en estas consistencias triviales.

"La próxima vez..."
"De ahora en adelante..."
¿qué me hace pensar que soy más
sabio
de lo que podría ser
mañana?




continuará.....

domingo, 15 de abril de 2007

DE LO QUE SE DEBE HACER
Es absolutamente necesario que las flores tengan mariposas, que las colinas tengan manantiales, que las rocas tengan musgos, que el agua tenga berros, que los árboles tengan lianas enredadas, y que los seres humanos tengan pasatiempos.
Se debe gozar de las flores en compañía de bellas mujeres, embriagarse bajo la luna en compañía de amigos encantadores, y gozar de la luz de la nieve en compañía de sabios muy inteligentes.
Plantar flores sirve para invitar a las mariposas, apilar rocas sirve para invitar a las nubes, plantar pinos sirve para invitar al viento, tener un estanque de agua sirve para invitar a las algas, construir una terraza sirve para invitar a la luna, plantar bananeros sirve para invitar a la lluvia, y plantar sauces sirve para invitar a la cigarra.
Siempre se obtiene un sentimiento diferente cuando se mira a las colinas desde lo alto de una torre, cuando se mira a la nieve desde una muralla, cuando se mira a la luna a la luz de una lámpara, cuando se mira a las nubes coloreadas desde un bote, y cuando se mira a las mujeres hermosas en una habitación.
Las rocas contiguas a un ciruelo deben parecer "antiguas", las que están cercanas a un pino deben parecer "estúpidas", las que están junto a bambúes deben parecer "gráciles" y las que están dentro de un cuenco de flores deben ser exquisitas.
Las aguas azules vienen de verdes colinas, porque el agua quita su color a las colinas; los buenos poemas vienen de perfumados vinos, porque la poesía extrae la inspiración del vino.
Cuando se encuentra el espejo con una mujer fea, cuando una rara piedra de tinta encuentra un dueño vulgar, y cuando una buena espada está en manos de un general ordinario, no hay absolutamente nada que hacer.
(Chang Ch´ao, s.XVII)

sábado, 14 de abril de 2007

Hasta hoy
Muy bien,
he aquí lo que he visto
hasta hoy:
Cada cuerpo un bastión de "lo mío
-que jamás será
lo tuyo ni lo nuestro";
miedo incontrolable: miedo ciego
a abrir la puerta y dejarnos ver
unos a otros
que estamos desnudos;
procesiones incontables corriendo atrás del amor ideal,
un fantasma que siempre se disuelve,
siempre,
al dar vuelta a la esquina;
inventos infructuosos de cualquier tenor
y alcance para convencerse de que la felicidad pueda ser
alguna otra cosa
que entregarse a los demás;
reglas, dictámenes, teorías y credos inútiles
(porque no le dan cabida al alma,
bendita en su repulsión a los encierros; porque son el Olimpo
de los necios que creen
en llegar a alguna parte
enviando al amor al destierro por ser indefinible);
multitudes de hipócritas apedreando a los que muestran
sus manos vacías;
pesimistas sin ningún motivo;
optimistas sin ningún motivo;
lo-que-sea-istas subidos al carro de turno;
la desconfianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí
fianza, alimentada de saber que el otro esconde en sí
los mismos monstruos;
el odio, nacido de no reconocer los monstruos
en nosotros mismos;
la máquina de forjar hombres a imagen y semejanza
de un dios perverso,
vengativo e ignorante;
separación, separación por todas partes:
esto no es aquello no es
lo otro ni lo de más allá (y el doloroso precio
de la soledad);
los muertos echando tierra estéril sobre la divina semilla
de la infancia en las escuelas;
la mirada impotente y mezquina de los padres
que se proclaman dueños de los Hijos de la Vida,
(¡la Vida!, ¡que jamás espera nada de nadie!);
los que quieren que todo quede como está
saqueando con gritos,
balas o vergüenza
los dones de la juventud;
¡un océano tan vasto de dolor
cuando todo podría ser tan distinto!
He visto, también,
los que no cejan:
buscando a tientas;
aferrándose (o soltándose)
al centro en las mareas cambiantes;
dejando un tenue rastro del perfume inconfundible
en los vientos furiosos;
librando, cada día, la batalla más difícil, la única noble,
la de adentro;
borrando con su propia sangre los dictados negros (propios y ajenos);
equivocándose, equivocándose y volviendo a empezar;
dudando de su fuerza, pero ofreciendo el pecho;
sabiendo que está todo por hacer,
y que tendrá que ser hecho cada vez por cada uno;
templando su coraje
en la negrura más espesa de la noche.

(Pedro Aznar, músico argentino).

viernes, 13 de abril de 2007

Y El Hombre, Donde Estuvo (Alonso Lillo)


"Y el hombre, dónde estuvo" Neruda

¿Dónde estuvo el verbo
extraido del barro promordial
de la sopa elemental
de letras y de formas
inmanentes, preconscientes?

¿Dónde estuvo la libertad
que ejercen las formas
que forman significantes
contenidos y significados?

¿Dónde los valores
que no tienen precio
sino valor?

¿Dónde los medios
que no distraen
sino que atraen
los significados del ser
conscientes, trascendentes?

¿Dónde estuvo el hombre
cuando los bulldozer derribaron
la pacífica resistencia
de los árboles y de los bosques
milenarios?

¿Dónde y cuando
empezó la quema de la selva
amazona impenetrable?

¿Dónde estuvo cuando
el hamnbre y la corrupción
armadas desde muy lejos
de motosierras y fibras de oro
invadieron el Santuario
de la naturaleza?

¿Dónde, cuando las aplanadoras
publicitarias nivelaron
el horizonte en su mente
e hicieron "tábula rasa"
con lo diferente y sorprendente?

¿Dónde estuvo el hombre
investido de uniforme
cuando llegaron los Titanes
con su legión de centuriones?

¿Dónde?
cuando vía "faxes" empezaron
por vender la verde montaña
el bosque nativo y la fauna.

Angelina (1897–1990)
Lenta, inexorablemente
una niebla piadosa
desdibujó tu pensamiento.
La mirada se te volvió hacia atrás,
lejos,
y se instaló en la aldea
al pie de una montaña.
La voz se te mezcló
con viejas voces
del idioma infantil.
Dulce canción.
Perdidos la historia,
el recuerdo,
perdidas las caras del presente,
tu mano envejecida
aún tiene algo
de aquella, firme,
de las tardes en la plaza.
Y en la sonrisa
impersonal
que agradece mi presencia
hay un atisbo
de la risa compartida.
No sé si llorar porque te vas
o porque te fuiste
hace ya mucho tiempo.

Laura Cambra
http://cadenasdepalabras.blogspot.com/


Conviene que lo sepa el Magistrado (Joaquín Alliende)
Nunca pude construir torres,
a lo más, nidos en el viento.
Algo de aire,
plumas y astillas
un instante reunidas...
una posada
para aves migratorias.
Esta es toda mi historia de arquitecto.

Del Libro "Longino Traspasado" (1983)

jueves, 12 de abril de 2007

Nosotros Dos

Nosotros dos somos
una tira interminable
de pañuelos anudados
Un globo gigantesco
colorinche
flotando por el aire
aferrados a este juego
de manos
que parecen olas y
de ojos
que semejan gaviotas.

Nosotros dos construimos
un mundo de arena
(una pequeña Venecia de sales)
¡demasiado apegado a la orilla
para no ser devorado
por malignos crustáceos!

Nosotros dos desafiamos
la tristeza de mares hostiles y
venimos de regreso por aguas
apacibles
dejando a nuestro paso
una estela de peces alados.

Nosotros dos llevamos
una costra de yodo
en los zapatos y
guardamos un molusco enano
en el bolsillo
que se trepa por la espalda
cada vez que asoma el sol.

Nosotros dos formamos
una raza aparte
una aristocracia de titanes
gloriosa y transgresora.

Y aunque nunca Te lo diga
cuando me tocas
en aquel juego de manos
que parecen olas y
aunque nunca Me lo digas
cuando te miro
en aquel juego de miradas
que semejan gaviotas
lo que realmente importa
es que este sentimiento
se ha vuelto verdadero.

CHLM

miércoles, 11 de abril de 2007

ANSIEDAD Y ANGUSTIA


Por Paula Serrano
La ansiedad, el mal de los hambrientos, de los que tienen hambre de todo y no pueden o no saben esperar. La ansiedad es al alma lo que una picazón, al cuerpo. Se vive como inquietud, desazón. El ansioso es voraz; es el opuesto de lo cool. Entre las ganas y la acción hay segundos, es como un permanente impulso vivido, actuado. Alguien decía que lo que mejor describe la ansiedad es eso que se siente en la situación de espera del llamado telefónico del ser amado que no llega. Se fuma todo, se come todo, se toma todo, se mueve todo, se lo imagina todo… y, después, si la llamada llega, se lo habla todo. Hace las preguntas y se las contesta. Se vive a veces como un episodio aislado, a veces como algo que aparece en situaciones difíciles. Algunos la padecen cotidianamente.
La angustia, en cambio, se parece más al dolor. No está en todo el cuerpo, sino que se localiza. Es como la falta de aire, ahoga. Las personas angustiadas se llenan de fantasmas, de amenazas, de miedo. La angustia paraliza, no ofrece salida, no crea ilusiones, es oscura, es un túnel. Es una garra que no suelta el cuello, y, en el extremo, se parece a la muerte.
Si en la ansiedad yo estiro la mano con la ilusión de alcanzar algo que me sacie, en la angustia me inmovilizo. No hay en la cercanía nada que me parezca consolador.
Si en la ansiedad el espacio es finito, en la angustia es infinito. Si en la angustia el tiempo es inmediato, en la angustia es infinito. Si en la ansiedad el tiempo se acorta, en la angustia se eterniza. En ambas, tiempo y espacio se alteran.
La ansiedad es agotadora, la angustia es aterradora.
Ambas son síntomas, advierten la pérdida del equilibrio. Son como la fiebre que avisa la infección. Y son dos formas que puede adquirir el sufrimiento.
Describo la ansiedad y la angustia porque varios lectores lo pidieron. Supongo que, en parte, por ganas de autodiagnosticarse. No sé de nadie que no las conozca, por separado o juntas (con frecuencia los estados de angustia se dan con gran ansiedad), ni sé se es de alguna utilidad diferenciarlas. Porque nada ni nadie puede darnos el control del tiempo que se nos escapa. La incertidumbre es la gran tragedia del ser humano y, por lo tanto, el futuro será siempre un gran misterio. Si no podemos predecir los próximos minutos de nuestra existencia, ¿será posible vivir sin querer a veces algo inmediatamente (ansiedad) o sin creer que ese túnel en que estoy durará para siempre (angustia)?
La existencia es, en sí misma, creadora de ansiedad y angustia. Ambas pueden ser verdaderas generadoras de cambios y creatividad, si se combinan con reflexión y se convive con ellas. O de destrucción, inmovilidad y muerte, si dejamos que invadan nuestro espacio vital. Como siempre, es la combinación la que determina el resultado.

Eduardo Galeano: De “El libro de los abrazos”
El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años
estuvo con los indios del Chaco paraguayo.
El formaba parte de una misión evangelizadora.
Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio. El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.
El cacique se tomó su tiempo.
Después, opinó:- Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.
Y sentenció:- Pero rasca donde no pica.

Tomates Verdes Fritos: Una Epopeya Humana

Esta película me encanta. Es un Cuento dentro de una Historia, con un contenido humano impresionante y con una lección de Vida que no olvidaremos. Podría resumirse así: Un maestro Zen (Ninny) elige (o es elegido) para transmitir a su aprendiz (Evelyn) una lección que cambiará su vida para siempre. Si en la vida cuentan más que los minutos que respiras los momentos que te hacen contener la respiración, esta película de seguro estará entre esos momentos. Para quiénes ya la han visto, la invitación es a verla de nuevo. Para quienos no las han visto aún, se las puedo prestar, la tengo en VHS, a la antigua...

martes, 10 de abril de 2007

Reir Llorando (Juan de Dios Peza)


Viendo a Garrik —actor de la Inglaterra—
el pueblo al aplaudirle le decía:
«Eres el mas gracioso de la tierra
y el más feliz...»
Y el cómico reía.
Víctimas del spleen, los altos lores,
en sus noches más negras y pesadas,
iban a ver al rey de los actores
y cambiaban su spleen en carcajadas.
Una vez, ante un médico famoso,
llegóse un hombre de mirar sombrío:
«Sufro —le dijo—, un mal tan espantoso
como esta palidez del rostro mío.
»Nada me causa encanto ni atractivo;
no me importan mi nombre ni mi suerte
en un eterno spleen muriendo vivo,
y es mi única ilusión, la de la muerte».
—Viajad y os distraeréis.
— ¡Tanto he viajado!
—Las lecturas buscad.
—¡Tanto he leído!
—Que os ame una mujer.
—¡Si soy amado!
—¡Un título adquirid!
—¡Noble he nacido!
—¿Pobre seréis quizá?
—Tengo riquezas —
¿De lisonjas gustáis?
—¡Tantas escucho!
—¿Que tenéis de familia?
—Mis tristezas
—¿Vais a los cementerios?
—Mucho... mucho...
—¿De vuestra vida actual, tenéis testigos?
—Sí, mas no dejo que me impongan yugos;
yo les llamo a los muertos mis amigos;
y les llamo a los vivos mis verdugos.
—Me deja —agrega el médico— perplejo
vuestro mal y no debo acobardaros;
Tomad hoy por receta este consejo:
sólo viendo a Garrik, podréis curaros.
—¿A Garrik?
—Sí, a Garrik... La más remisa
y austera sociedad le busca ansiosa;
todo aquél que lo ve, muere de risa:
tiene una gracia artística asombrosa.
—¿Y a mí, me hará reír?
—¡Ah!, sí, os lo juro,
él sí y nadie más que él; mas... ¿qué os inquieta?
—Así —dijo el enfermo— no me curo;
¡Yo soy Garrik!... Cambiadme la receta.

¡Cuántos hay que, cansados de la vida,
enfermos de pesar, muertos de tedio,
hacen reír como el actor suicida,
sin encontrar para su mal remedio!
¡Ay! ¡Cuántas veces al reír se llora!
¡Nadie en lo alegre de la risa fíe,
porque en los seres que el dolor devora,
el alma gime cuando el rostro ríe!
Si se muere la fe, si huye la calma,
si sólo abrojos nuestra planta pisa,
lanza a la faz la tempestad del alma,
un relámpago triste: la sonrisa.
El carnaval del mundo engaña tanto,
que las vidas son breves mascaradas;
aquí aprendemos a reír con llanto
y también a llorar con carcajadas.

Oscar Hahn

La Muerte está sentada a los pies de mi cama
Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me vas a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y me agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.
Esta muerte empeñosa se calento conmigo
y quisiera dejarme más chupado que un higo.
yo trato de espantarla con una enorme rama.
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado
sólo para dormir, que no tenga cuidado.
Por respeto me callo que sé su mala fama.
La muerte está sentada a los pies de mi cama.

Viña del Mar

lunes, 9 de abril de 2007

Nueva Sección: HOROSCOPO

Mes de Abril, lluvias mil...
Un día los pueblos construyeron altas pirámides para, desde sus cumbres, consultar a las estrellas. Y organizaron, según esos designios, fiestas, batallas y cosechas. Hoy corresponde a los poetas sugerir las fiestas, aconsejar en el amor, indicar el rumbo. Con este fin hemos recuperado de manos de los agoreros este espacio y lo hemos devuelto a sus legítimos sucesores (Noreste).
ARIES
Por George Jung:
"Que el viento esté en tu espalda. Y el sol dé siempre en tu cara. Y que los vientos del destino te llven siempre a bailar con las estrellas".
CAPRICORNIO
Por Li Po
"Si me preguntáis por qué vivo aquí entre verde montañas reiré silenciosamente y cerraré mi corazón. La flor del durazno y el fluir del arroyo me trasportan a otro universo más allá del mundo de los hombres".
ACUARIO
Por Robert Browning
"Y precisamente cuando nos sentíamos más seguros llega una puesta de sol".
VIRGO
Por Walt Whitman
"Quienquiera que seas yo pongo mi mano sobre tí, que eres mi poema; nadie te ha comprendido, pero yo sí te comprendo; nadie te hizo justicia; ni tú mismo te hiciste justicia; nadie que no te hallara imperfecto; yo soy el único que no halla en tí imperfección alguna".
CANCER
Por Omar Jayyam
"En este mundo, conténtate con tener pocos amigos. No intentes hacer duradera la simpatía que puedas experimentar por alguien. Antes de estrechar la mano de un hombre pregúntate si algún día no te golpeará".
TAURO
Por Bernardo Soares
"Ser puro, no para ser noble o fuerte, sino para ser uno mismo".
LEO
Por Richard Attemborough
"El amor, si podemos darlo, nos devolverá lágrimas y castigo".
LIBRA
Por André Breton
"Dejad vuestras esperanzas y vuestros temores. Dejas vuestros hijos en un rincón del bosque. Dejad la presa por la sombra. Dejad si es preciso una vida cómoda lo que se os da como una situación de porvenir. Partid por los caminos".
GÉMINIS
Anónimo
"Hay ocasiones en las que conviene no decir nada; otras en que conviene decir algo; pero no hay ninguna en la que convenga decirlo todo".
ECORPION
Philip Larkin
"¿Para qué son los días? Los días son el lugar donde vivimos.
Se acercan, nos despiertan. Una y otra vez. Los días son para ser felices".
PISCIS
Por Jorge Teillier
"Te reconoces en ese niño que en esta mañana de escarcha sale a comprar el pan y saluda al lechero cuyo silbato despierta las calles".
SAGITARIO
Por Marcelo Rioseco
"Sé como un diamante afilado, como una tormenta que amenaza con peligros y no te demores con el brillo de las monedas que los días pasan. Hazte pronto compañero de los dioses porque los días que amas corrompen tanto el vino que saboreas como los sueños que te liberan".

Libro Recomendado


Mujeres del Siglo XII - Georges Duby
Hoy como ayer. La historia se repite. La mujer sigue siendo, para muchos hombres, un objeto deseable o desdeñable según la ocasión. Georges Duby, uno de los historiadores más importantes del siglo XX, presenta en este libro una investigación llevada a cabo sobre las mujeres del siglo XII en Francia: quiénes eran, cuál era su destino en la "brutal y refinada" sociedad feudal.
Leonor de Aquitania, mujer acusada de lascivia, quizá por intentar gobernar su cuerpo y su vida; Iseo, con su trágico final, el único posible por haber dado rienda suelta a su amor carnal por Tristán; Eloísa, enamorada por encima de las barreras del claustro; Juette, que escoge como forma de apartarse del yugo del matrimonio obligado; Soredamor y Fenice, doncellas que consiguen, con su discrección e ingenio, salvar las trabas que las separan de sus amados, y María Magdalena, que aunque muerta siglos atrás, vive en el imaginario medieval como encarnación del peligro de la mujer pecadora que arrastra a la perdición a los hombres. Son mujeres que no pueden hablarnos con su propia voz. Pertenecientes a un mundo plenamente masculino como el del Medievo, sus escritos -si los hubo- no han conseguido superar el transcurso de los siglos. Georges Duby, escarbando en la retórica de los documentos de la época, trata de ofrecer un retrato veraz de estas Damas del siglo XII, dando a conocer a través de ellas un sistema de valores no totalmente ajeno al momento presente.

Cº Concepción, desde el Cementerio.

ODA A VALPARAÍSO
(Pablo Neruda)

VALPARAÍSO,
qué disparate eres,
qué loco,
puerto loco,
qué cabeza con cerros,
desgreñada,
no acabas de peinarte,
nunca tuviste tiempo de vestirte,
siempre te sorprendió la vida,
te despertó la muerte,
en camisa,
en largos calzoncillos
con flecos de colores,
desnudo con un nombre
tatuado en la barriga,
y con sombrero,
te agarró el terremoto,
corriste enloquecido,
te quebraste las uñas,
se movieron las aguas y las piedras,
las veredas,
el mar,
la noche,
tú dormías en tierra,
cansado de tus navegaciones,
y la tierra, furiosa,
levantó su oleaje
más tempestuoso que el vendaval marino,
el polvo te cubría los ojos,
las llamas quemaban tus zapatos,
las sólidas casas de los banqueros
trepidaban como heridas ballenas,
mientras arriba las casas de los pobres
saltaban al vacio como aves prisioneras
que probando las alas se desploman.
Pronto,Valparaíso,
marinero,
te olvidasde las lágrimas,
vuelvesa colgar tus moradas,
a pintar puertas verdes,
ventanas amarillas,
todo lo transformas en nave,
eres
la remendada proa de un pequeño,
valeroso navío.
La tempestad corona con espuma
tus cordeles que cantan
y la luz del océano hace temblar
camisas y banderasen
tu vacilación indestructible.
Estrellaoscuraeres de lejos,
en la altura de la costa resplandeces
y pronto entregas tu escondido fuego,
el vaivén de tus sordos callejones,
el desenfado de tu movimiento,
la claridad de tu marinería.
Aquí termino, es esta oda,
Valparaíso,
tan pequeña como
una camiseta desvalida,
colgando en tus ventanas harapientas
meciéndose en el viento del océano,
impregnándose de todos los dolores de tu suelo,
recibiendo el rocío de los mares,
el beso del ancho mar colérico que
con toda su fuerza golpeándose
en tu piedra no pudo derribarte,
porque en tu pecho austral
están tatuadas la lucha,
la esperanza, la solidaridad
y la alegría como anclas
que resisten las olas de la tierra.


Eduardo Anguita
Venus en el Pudridero

(fragmento)
Os contaré, amantes, qué hacéis cuando estáis juntos;
lo que yo hice y sentíen aquel huerto de espigas corporales.
El gallo a mitad del día, erguido para el amor,
y la luna que espera al ave de fuego,
mojada, abierta y silenciosa.
La tomé por la mirada, rebanando con mi vista su entrecejo,
y desde ahí, humedecí con su vista mis manos y conmi vista su cuerpo,
hasta que su cabeza derramóse en mi hombro.
Su cabeza era una blanda caverna donde se escondía el torrente,
el que me llevaría hacia abajo, a las zarzas de sigiloso esplendor.
Palpé sus sienes, oyendo latir la piedra,
la piedra azulada por la respiración y el anhélito.
Ella tomó mi boca con su boca, llenar un hueco con otro hueco,
para partir unidamente exhaustos.
Mis labios son yo que salgo; los suyos son yo que entro.
Y nos reconocimos íntimos y temblorosamente obvios.
Comencé a ser mi semejante.
Inquirí su cuello, la columna despierta
hecha de luz intencional explícita.
Besos en su garganta de cascada de nieve, y sus pechos,
paticulares bóvedas del cielo, copas de árbol, salidas
de sol y cualquier cosa aquí sólo representada.
Mi boca me ungió único entre dos calores contiguos.
De ser una la esfera,Yo habría inventado la repetición.
Rodeaba mi cintura para ser ella copa y yo agua.
Quería aprisionarme, y no sólo por fuera,
pues podría escaparme hacia adentro,
y para que no me evadiera así, me insinuó encerrarse
ella dentro de mí.
Accediendo, la ceñí a mi vez por la cintura,
siendo ella ahora el agua y yo el vaso.
Y se hizo tan íntima, que aun durmiendo me encontraba con ella
como si la hubiera habitado y comulgado.
Estrechamos la condena y caímos veloz
por la corriente que arrastra juntos al pájaro y al vuelo.
Su mano en mi nuca bordeaba la piel y el cabello.
Se ponía en la orilla: en la extrañeza y en la propiedad.
Estuve de acuerdo: tambi´en como ella deseé los contrarios.
Me adentré tanteando por el interior de sus muros
hasta esa cercanía más y más ajena,
pero, ¿entendéis?, sin llegar, sin llegar todavía
a decirle tú.Sentí lo que ella sentía
y supe que yo era hombre porque ella así lo sentía.
Sentí por ella y me hice rápidamente mujer,
amándome a mí mismo.Tú eres mujer, tú eres hombre.
Eres el muchacho y también la doncella.
Tú, como un viejo, te apoyas en el cayado.
Eres el pájaro azul oscuroy el verde de ojos rojos.
Tú eres aquello. Y yo soy tú.
Pero no al mismo tiempo. Por eso entro y salgo.
Eduardoe-lisa ....Elisae-duardoElisaeduar-do ....Eduardoeli-sa
Luego giré en medio círculo y quedó mi conciencia
en dirección a sus pies, ella de espaldas y yo de bruces,
uno sobre el otro:hicimos así lo que yo llamo
sinceramente
La clepsidra.