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"El poeta es un fingidor. Finge tan completamente que hasta finge que es dolor el dolor que de veras siente. Y los que leen lo que escribe en el dolor leído siente bien, no los dos que él tuvo mas sólo el que ellos no tienen. Y así en los rieles gira, entreteniendo la razón, ese tren de cuerda que se llama el corazón". (Fernando Pessoa)

jueves, 22 de marzo de 2007

Poesía: "ESTAR O NO ESTAR" (Daniela Lillo T.)

Supongamos que a veces uno tiene razón...
supongamos que nuestras intenciones no son ni buenas ni malas y que sólo pretenden ser un hallazgo que nos influencia...
supongamos que nuestros sentimientos son arquetípicos y que nos mueven y conmueven hacia zonas planificadas con anticipación por nuestros mecanismos de defensa...
supongamos que aquello que no nos hace temblar nos aburre ostensiblemente...
supongamos que estamos aquí sólo porque no podemos estar allá... supongamos que hemos amado y que nos han amado y que el recuerdo de aquello ya no nos emociona...
supongamos que aproximar nuestro cuerpo hasta otro cuerpo en el frenesí seudo emocional resulta ser un acto solitario y apabullante...
supongamos que el silencio es mal mirado entre los unos y los otros... supongamos que en mitad de la noche nuestros ojos se abren y enfocan el vacío intentando ver algo que nos está vedado, algo inalcanzable... supongamos que la paz es el nombre de una amiga a la que no vemos hace tiempo... y sigamos suponiendo que esa antigua amiga se cambió de casa y no nos dejó su dirección...
supongamos que las dudas nos abandonaron... y supongamos que una vez cada quince días vuelven pletóricas de sabiduría...
supongamos que somos militantes del vicio, de cualquier vicio, de todos los vicios, y que esa antigua convicción hoy no es un argumento...
supongamos que tenemos la necesidad imperiosa de alejarnos de todo cada cierto tiempo...
supongamos que la cobardía ajena no nos desconcierta, y que, muy por el contrario nos alienta a seguir interpelando...
supongamos que cuando nos enfrentan para saber por qué estamos interpelando a los cobardes se nos hace un nudo en la garganta y no podemos desatar los cabos sueltos porque al fin y al cabo terminamos pensamos que siempre los cabos son responsables de todo...
supongamos que corremos a buscar champaña...
supongamos que no hay y que nunca hubo...
supongamos que nuestras copas están vacías y que ni siquiera esa champaña inexistente podría llenarlas...
supongamos que la tormenta no nos presagia nada...
supongamos que la angustia es una calma delirante y suficiente...
supongamos que tenemos la fuerza para perder...
supongamos que jamás nos hemos dejado caer en un sillón cómodo... supongamos que hay sillones cómodos repartidos por doquier y que a nosotros no nos seducen sus cojines...
supongamos que no nos importa sentirnos espantosamente desdichados porque no hay nada más espantoso que no sentir...
supongamos que no podemos mirar ni al sol ni a la muerte...
y supongamos que la muerte no es menos sublime que el sol y que a ninguno de las dos hemos podido mirar fijamente porque ambos son divinos y dios nos parece un vértigo...
y supongamos que sencillamente dios es un vértigo criminal...
supongamos que el mundo a nuestros ojos es desordenado...
supongamos que nos acercamos a la desnudez escuchando su aliento... supongamos que tenemos caprichos inconfesables...
y supongamos que nos sentimos felices de confesarlos...
supongamos que un vaso lleno resplandece en nuestras manos y que uno vacío es una alegoría de la saciedad...
supongamos que jamás nos dan asco las miradas que provocamos... supongamos que si estuviéramos solos no sabríamos qué ofrecer... supongamos que los celos nos parecen de una furia incontenible... supongamos que en estos momentos no queremos saberlo...
supongamos que nos dormimos para no continuar excitando el galope...
supongamos que nos gusta estar solos cuando se hace de noche...
supongamos que nuestras exigencias no son tan exigentes...
supongamos que hemos dejado esperando y que nos han pagado con la misma moneda...
supongamos que nos hemos desnudado sin abrir nuestros brazos... supongamos que quisimos ser amazonas...
supongamos que quisimos usar sombreros de copa y guantes blancos mientras forrabámos nuestros cuerpos en lustroso negro...
supongamos que cuando damos la espalda es porque estamos amando al que buscamos sin encontrar...
supongamos que las diosas se rieron en nuestra cuna...
supongamos que esa risa fue una bendición...
supongamos que casi todo lo que nos seduce parece de otro mundo... supongamos que a pesar de eso este vasto universo acoge nuestros ruegos... porque supongamos que rogamos de cuando en vez...
supongamos que hemos apretado cinturas ajenas con el claro afán de volar... supongamos que la culpa nos seduce y nos inunda de placer...
supongamos que si esa culpa es ajena tanto mejor...
supongamos que la extrema miseria nos devuelve a la vida...
supongamos que la ausencia se hace presente...
supongamos que estamos...
supongamos que somos...
supongamos...

D.L.T.
Agosto 2004.

1 comentarios:

Blogger Itakachile ha dicho...

Comienzo ( como la teología negativa ) desde la negación, no soy un escritor ( al menos no con el catéter formal de acepción), no soy un buen lector, no soy un buen critico, tampoco un mejor opinante, sin embargo todas esas descripciones no valen, al leer lo que escribiste, hermoso, relativo, critico y mismo tiempo desencantado canto de nuestro vivir, ¿ o tal no canto?, sino grito o tal vez sollozo, lo cierto es que ,( como diría Alexis de la Yourcenar ), tu alma, ese pedacito de alma de ese minuto y esa historia se materializo en letras. 
 Leía y las emociones se me confundían. 
 Gracias por tu bella escritura. ( tal vez seria mas pertinente agradecer a tu alma ).

30 de octubre de 2011, 21:11  

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